¿Cómo viven las personas sin hogar de Lugo el mal tiempo?

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A lo largo del último año 2025, el Hogar del Transeúnte atendió a 1.531 personas, registrando 5.079 pernoctaciones
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11 Mar 2026

Jessica Fernández

Lugo superó la barrera de los 100.000 habitantes, tal y como indicó el Instituto Nacional de Estadística, una cifra que a quienes nacimos y vivimos en la ciudad amurallada nos llena de orgullo. Pero de esas personas, muchas viven en situación de pobreza y vulnerabilidad, sin contar con un lugar al que llamar hogar.

A lo largo del último año 2025, el Hogar del Transeúnte atendió a 1.531 personas, registrando 5.079 pernoctaciones, lo que evidencia su función como espacio seguro y de acogida en momentos de especial dificultad. Además del alojamiento, el servicio municipal presta una atención básica diaria que incluye manutención completa. En el conjunto del año se sirvieron 4.739 desayunos, 5.980 comidas y 6.958 cenas, garantizando así la cobertura alimentaria a las personas usuarias. De manera complementaria, también se mantiene el servicio de comidas a domicilio para familias sin recursos, que permitió atender a varios hogares, con un total de 571 comidas y 1.594 cenas a lo largo del año.

Así, en este comienzo de 2026, el Hogar del Transeúnte continúa siendo un recurso esencial para las personas sin hogar o en situación de vulnerabilidad, sobre todo en estos primeros meses del año, en los que las lluvias, los rafales de viento y el frío han sido protagonistas.

¿Quiénes pueden acudir al Hogar del Transeúnte?

El Albergue Hogar del Transeúnte del Ayuntamiento de Lugo es un centro social cuyo objetivo es proporcionar alojamiento temporal a personas, en general mayores de 18 años, en situación de emergencia social, transeúntes y personas sin hogar, ofreciéndoles alojamiento y manutención por un período limitado de tiempo.

Se considera persona transeúnte a toda aquella que, sin estar empadronada ni tener establecida su residencia en la ciudad de Lugo, se encuentre en situación de desarraigo y carezca de recursos personales y económicos para afrontar su situación, siendo el albergue un recurso temporal.

También se atiende a personas sin hogar del Ayuntamiento de Lugo que, por circunstancias coyunturales, se encuentran sin un domicilio para vivir y sin recursos para afrontar su situación; así como a personas en situación de exclusión o emergencia social que carezcan de hogar, y personas que sufran catástrofe personal o civil.

Estas personas, en el Albergue Hogar del Transeúnte municipal, pueden contar con servicios sociales de inclusión como acogida, valoración y asesoramiento; alojamiento, manutención, higiene, lavandería, consigna y dirección postal.

Lo más importante, el alojamiento con manutención, tiene como finalidad facilitar un lugar de pernocta y cubrir las necesidades de alimentación (desayuno, comida y cena) a toda persona que cumpla con la condición de usuaria y las normas establecidas en el reglamento.

Este servicio, que funciona, como regla general, todos los días del año, presta sus servicios un máximo de tres días al mes por cada usuario, tanto para el servicio de alojamiento con manutención como para el servicio de manutención, pudiendo disfrutarse en días consecutivos o alternos.

Un servicio colaborativo

Este servicio municipal analiza la situación de las personas en riesgo de exclusión social conjuntamente con la organización humanitaria Cruz Roja, que también actúa en la ciudad de Lugo con diversos programas de acompañamiento a personas sin hogar, siendo el principal el ‘Programa Sin Techo’, en el que trabaja un equipo de seis personas formado por trabajadores y educadores sociales, terapeutas ocupacionales y psicólogos. A través de este programa, en el período del 1 de enero al 31 de diciembre de 2025 se atendió a 684 personas en Lugo capital, 565 hombres y 119 mujeres.

Beni Basalo y Jessica Sobrino son dos de los trabajadores que salen cada 15 días a revisar a las personas que se encuentran en las calles de Lugo y a llevarles algo de abrigo y comida, aunque también se realiza un acompañamiento diario de la situación de estas personas. En la sede se sirven desayunos todos los días de 09:30 a 11:00 horas, así como los miércoles y jueves también abren de 15:30 a 17:00 horas para atender sus necesidades. De este modo, se complementan los servicios de Cruz Roja con los del Hogar del Transeúnte.

Sin embargo, explican que muchas de las personas que no tienen un hogar malviven en infraviviendas, casas abandonadas “en las que cualquier día puede ocurrir una desgracia, y más con el mal tiempo que estamos viviendo estos meses”, sostienen. Así, las personas sin hogar se consideran ‘de exclusión residencial’, según dicta la Tipología Europea de Personas Sin Hogar y Exclusión Residencial (ETHOS), desarrollada por la Federación Europea de Asociaciones Nacionales que Trabajan con Personas Sin Hogar. Otros, los que cuentan con algo de dinero, pasan de una pensión a otra, o “viven en el sofá de algún amigo”. Esta situación se considera, según el ETHOS, una vivienda insegura.

Por eso, las personas sin hogar tienen mayor riesgo de padecer enfermedades de salud mental, como depresión y ansiedad, que son las más comunes, pero esa situación de vulnerabilidad e inestabilidad, y la ansiedad por no poder salir de esa situación, puede provocar otros problemas de salud mental más agudos; sumándose además el consumo de drogas. Tal como explican los trabajadores y educadores sociales, “hay un porcentaje alto de personas que llegan a tener ciertas adicciones por culpa de esta situación, ya que nadie te da trabajo, no tienes ingresos… la situación de la calle acelera que consumas más porque es una vía de escape para no pensar en tu situación, y eso, a su vez, hace que tu salud mental se deteriore rápido”, explica Beni.

La tipología de la persona sin hogar

Desde Cruz Roja sostienen que no hay un prototipo de persona que acabe en la calle; de hecho, defienden que “cualquiera puede acabar en esta situación”, es cuestión, explican, “de tomar una serie de malas decisiones y terminar viviendo entre cartones”. Este argumento es compartido por las personas sin techo a las que se entrevistó. Un joven de 28 años que lleva un año viviendo en la calle afirmó que “yo era un chico normal, con una buena familia, siempre disponía del dinero que quería y fui a buenos colegios, pero me junté con gente que no debía y perdí el trabajo, lo que hizo que tomara peores decisiones, y ahora estoy aquí. Espero poder salir de esta situación”. Comparte su vida ahora con otros dos chicos que también viven en la calle, uno de 18 años y otro de mediana edad, entre 40 y 50 años, quien explicó que fue “futbolista y militar, y ahora llevo 5 meses viviendo en la calle”. Con una niña pequeña, comenta que “las malas decisiones fueron lo que me llevaron aquí, sólo tengo yo la culpa, pero tengo que luchar por salir de esta”, añade.

Cabe destacar que estos tres jóvenes son de origen español, ya que los trabajadores y educadores sociales que se ocupan de ellos sostienen que en la sociedad existe mucho estigma hacia las personas sin hogar, ya que “muchos piensan que las personas sin hogar son de fuera, extranjeras, que vienen aquí a robar y a las que hay que tener miedo; y realmente mañana puede ser tu vecino o tú mismo. Llegar a no vivir en la calle no es tan difícil como la gente piensa. Incluso, les molesta. Alguna vez, en uno de estos recorridos, nos han dicho: <<Sácamelo de aquí>>, y nos hacen responsables de que las personas ocupen la vía pública para poder dormir, cuando además eso no es nuestro trabajo, sino el de ayudarles para que se puedan reintegrar en la sociedad”, defiende Jessica.

Por otro lado, los datos muestran una gran proporción de hombres sobre mujeres, con edades que varían entre los 18 y los 90 años, y tanto de origen nacional como inmigrante. Tanto Beni como Jessica, con casi 10 años de experiencia en el programa ‘Sin Techo’, defienden que “más hombres suelen llegar a esta situación porque no piden ayuda. Las mujeres tejen más redes entre ellas y se ayudan o al menos son capaces de pedir ayuda, pero los hombres están mal y no dicen nada hasta que es demasiado tarde. Todo esto forma parte de la cultura machista que tenemos, y que debería cambiar. Muchos hombres piensan que el feminismo es una corriente que les perjudica, pero en verdad el machismo también les hace daño a ellos porque siempre tienen que ser los fuertes y aparentar que todo está bien, y pedir ayuda no es de débiles ni de vulnerables, sino de valientes”. Y sostienen que hay “mucho machismo” en las personas sin hogar, tanto en hombres como en mujeres. “Las mujeres sin hogar muchas veces vienen de casas en las que el maltrato estaba normalizado, entonces les cuesta mucho cambiar el ‘chip’ y solo hacen caso a los hombres. Beni es el jefe tanto para ellas como para ellos”, confiesa Jessica.

La situación de las personas sin hogar no solo afecta a quienes sufren el hecho de no tener una vivienda en la que desarrollar su vida, sino también a los trabajadores que se ocupan de ayudarlos a salir de esta situación y a toda la sociedad. Tanto Beni como Jessica reconocen que “es muy frustrante y hay un alto porcentaje de bajas por depresión y ansiedad en nuestro sector”, ya que “ayudas a alguien y ves un progreso, confías en que consiga un trabajo y una vivienda normalizada, y de repente vuelve a caer en la misma dinámica”. Por eso, es un trabajo de resiliencia por parte de los trabajadores, que no se rinden y vuelven a intentar que las personas sin hogar logren alejarse de sus adicciones y de personas tóxicas, sigan los consejos de los profesionales y luchen por recuperar una vida normalizada con trabajo, vivienda y poder volver a estar con su familia.

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