Escuela Atlética Lucense: Más de 25 años construyendo atletismo desde la base en Lugo

Jessica Fernández
La Escuela Atlética Lucense nació en 1998 con una idea clara: ofrecer a niños y jóvenes un espacio donde desarrollarse a través del atletismo, no solo desde el punto de vista deportivo, sino también educativo y personal. Más de veinte años después, el club mantiene esa filosofía inicial, basada en el trabajo, la formación y la apuesta por el talento local, aunque continúa enfrentándose a algunas dificultades que ya estaban presentes en sus inicios.
Javier Piñeiro, principal entrenador y uno de los impulsores del proyecto junto a Castaño, recuerda que la idea comenzó a gestarse un año antes de la creación oficial del club. El objetivo inicial era dar continuidad a los jóvenes que entrenaban en los colegios Franciscanos y Compañía de María y ofrecerles una estructura propia donde poder seguir creciendo.
Además, existía una necesidad importante en la ciudad de que existiese otro club. “Teníamos buenos atletas que se metían en clubes de otras ciudades, como Santiago u Ourense, que siempre eran campeones gallegos, y no nos parecía bien que aparecieran como si fuesen de allí. Eran de Lugo”, recuerda Piñeiro, quien explica que el proyecto también nació con la intención de dar reconocimiento a los deportistas de la ciudad.
Los comienzos no fueron sencillos. La escuela tuvo que construirse prácticamente desde cero, en una etapa marcada por el esfuerzo y la inversión personal de quienes apostaron por el proyecto. “Montamos la escuela con mucho trabajo y esfuerzo. Costó mucho porque no teníamos nada; subvencionamos nosotros mismos la escuela durante años”, señala el entrenador, quien asegura que la motivación de los jóvenes era el principal impulso para seguir adelante.
Con el paso del tiempo, ese trabajo permitió que algunos deportistas formados en el club alcanzasen el ámbito internacional. Piñeiro destaca que uno de los pilares fundamentales para conseguirlo ha sido la preparación de los entrenadores. “Nosotros nos preparamos para estar al mayor nivel que podamos como entrenadores y que los niños puedan llegar a lo máximo”.
La Escuela Atlética Lucense trabaja desde las categorías más tempranas, comenzando en prebenjamín y llegando hasta veteranos. Su estructura busca combinar la iniciación y el perfeccionamiento deportivo, pero sin perder de vista la formación personal. La competición, independientemente del nivel o especialidad de cada atleta, se entiende como una parte más del aprendizaje y como una herramienta para transmitir valores como el esfuerzo, la responsabilidad, el respeto o la capacidad de sacrificio.
Actualmente el club cuenta con alrededor de 140 licencias, aunque Piñeiro considera que el crecimiento no debe medirse únicamente en cifras. Para él, el objetivo principal sigue siendo mantener una formación de calidad y contar con profesionales preparados trabajando con los jóvenes. Sin embargo, reconoce que disponer de una base amplia también aumenta las posibilidades de encontrar deportistas con potencial competitivo.
La principal dificultad, según explica, continúa siendo económica. “Seguimos contando con el mismo dinero de hace 20 años. No ha mejorado la subvención que tenemos. Pero el hotel ahora te cuesta tres veces más, la comida, la gasolina... los viajes cuestan el doble, pero la subvención es la misma”, lamenta. A ello se suma, según afirma, la escasez de ayudas institucionales, que considera insuficientes para afrontar los gastos de funcionamiento de un club con el volumen de actividad que desarrolla durante toda la temporada.
En el día a día, los entrenamientos se desarrollan en las Pistas de Atletismo Cidade da Cultura, una ubicación elegida principalmente por la comodidad y accesibilidad para las familias. La planificación varía según la edad y el nivel de cada deportista. Los más pequeños trabajan mediante juegos y actividades orientadas a desarrollar habilidades básicas, mientras que a partir de los 14 años las sesiones adquieren una mayor exigencia y especialización, incluyendo gimnasio, series, trabajos de ritmo o entrenamientos específicos adaptados a cada caso.
Porque si hay algo en lo que Piñeiro insiste es en que el atletismo no puede entenderse como una disciplina uniforme. “El entrenamiento de una persona, aun haciendo la misma distancia, no tiene que ser igual que el de otra porque cada una tiene sus condiciones. Es como llegar a Roma. A Roma llegabas por varios caminos”.
También rechaza la visión simplificada que muchas veces existe sobre este deporte. Considera que el atletismo es una disciplina exigente y que requiere una preparación adecuada para evitar problemas físicos derivados de entrenamientos mal enfocados o improvisados.
Para Piñeiro, la clave sigue siendo la misma desde hace años: “Trabajar, trabajar, trabajar y trabajar”. Aunque reconoce que las condiciones naturales pueden marcar diferencias, sostiene que sin esfuerzo resulta imposible alcanzar un alto nivel competitivo.
Más allá de los resultados y las medallas, asegura sentirse orgulloso de todos los integrantes del club, independientemente de sus capacidades deportivas. Lo que realmente valora es el compromiso y la ilusión de quienes entrenan cada día. “Yo valoro el trabajo y la ilusión que tiene una persona cuando le brillan los ojos al hablar de atletismo”.
Con la vista puesta en el futuro, el entrenador considera que todavía existen aspectos por mejorar. El club busca reforzar su estructura de patrocinio y aumentar su visibilidad dentro de la propia ciudad, algo que considera necesario para atraer a más jóvenes a la base y continuar formando deportistas preparados para afrontar retos cada vez mayores.