La filosofía del Club Judo Lugo: aprender a levantarse dentro y fuera del tatami

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El club, fundado en 1981, cuenta con alrededor de 250 licencias y apuesta por el deporte base, la educación en valores y una práctica adaptada a todas las edades
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4 Nov 2026

Jessica Fernández

Aprender a caer, levantarse y volver a intentarlo resume buena parte de la filosofía del Club Judo Lugo, una entidad fundada en 1981 que está a punto de cumplir medio siglo de trayectoria. Más allá de la técnica y de la preparación física, el club concibe el judo como una herramienta educativa con la que trabajar desde la infancia valores como el respeto, la disciplina, el autocontrol, la constancia y la superación personal. Con una comunidad de unos 250 deportistas, su prioridad sigue siendo el deporte base y una formación en la que el crecimiento personal tiene tanto peso como la evolución deportiva.

Esta manera de entender el judo cobra especial protagonismo en el trabajo de María Santos, directora de la base y una de las figuras que mejor conoce la evolución de la entidad. Vinculada al club desde 1984, cuando llegó con apenas cuatro años, hoy combina su experiencia como entrenadora con la responsabilidad de impulsar y organizar la formación de las nuevas generaciones. Su labor representa la apuesta por acercar el judo a los más pequeños y hacer del tatami un espacio en el que, además de aprender una disciplina deportiva, adquieran herramientas para afrontar los retos dentro y fuera de él.

"Nuestro principal objetivo nunca ha sido la competición ni el alto rendimiento, porque damos mucha importancia a la base, al aspecto lúdico y educativo", señala Santos. Esa filosofía determina la manera de trabajar con los más pequeños y también el acompañamiento a los deportistas que, al crecer, deciden si quieren orientar su práctica hacia la competición o si prefieren continuar entrenando sin participar en torneos.

Los éxitos individuales también son colectivos

La apuesta por disfrutar del deporte no ha impedido que el Club Judo Lugo haya conseguido resultados destacados a lo largo de su historia. Entre los nombres vinculados a la entidad figura Sara Álvarez Folgueira, campeona de Europa. En las categorías inferiores también sobresalieron judocas como Iria García, quinta en los Juegos Olímpicos de la Juventud, Maite Ríos Cortiñas y Juan Carlos Trillo, hermano del presidente del club, que fue campeón de España.

La propia María Santos fue campeona gallega en más de diez ocasiones, en diferentes categorías, y logró el quinto puesto en el Campeonato de España júnior y en el universitario. Sin embargo, estos logros no se entienden únicamente desde el esfuerzo individual. La preparación requiere compañeros con los que entrenar, aprender técnicas y mejorar, por lo que el progreso de un deportista depende también del trabajo del grupo.

"A pesar de que destacamos los éxitos individuales, porque es un deporte individual, lo importante del judo es que, de hecho, es uno de sus principios: para crecer como competidor necesitas que el resto de la gente crezca contigo. Existe un progreso mutuo como judoca", explica Santos.

La colaboración resulta fundamental para avanzar y preparar las competiciones. "Si no tienes a tu alrededor buenos judocas con los que entrenar, es muy difícil conseguir resultados deportivos. Aunque la medalla se la lleve una persona, realmente el mérito y el éxito son del club entero", añade. Por eso, la entidad da importancia tanto a los resultados como al trabajo diario que permite que cada alumno mejore según sus capacidades.

Respeto, disciplina y capacidad para superarse

La filosofía japonesa del judo mantiene el respeto y la disciplina como pilares de la práctica. Estos valores están presentes en gestos como el saludo, denominado *rei*, que se realiza al comienzo y al final de las clases, así como antes y después de los combates. Es una muestra de respeto hacia los compañeros y adversarios que forma parte del aprendizaje desde las primeras sesiones. "Es un deporte que viene de Japón, por lo que tiene toda una filosofía oriental centrada en el respeto y en la disciplina. Eso sí que se conserva, aunque se ha ido modificando un poco a lo largo del tiempo. Es importante que se conserve", afirma Santos.

El autocontrol, la humildad, el compañerismo y el afán de superación también se trabajan durante los entrenamientos. Para reforzar estas actitudes entre los niños y niñas, el club utiliza un sistema de puntos que reconoce el buen comportamiento y el respeto a las normas. Así, la formación no se limita a la técnica, sino que incorpora hábitos que pueden trasladarse a la vida cotidiana. Aunque Santos destaca especialmente la resiliencia, una capacidad que relaciona con la propia dinámica de este deporte. "El judo es un deporte en el que hay proyecciones, es decir, estás cayendo continuamente, y es muy importante volver a levantarse y volver a empezar. Esos son aprendizajes que se pueden trasladar a la vida", explica.

El judo también ofrece beneficios físicos, mentales y sociales. Su práctica requiere coordinación, concentración y control de los movimientos, además de trabajar capacidades como la resistencia y la flexibilidad. El entrenamiento compartido favorece, a su vez, la convivencia y el aprendizaje en grupo. "Aparte de un desarrollo en valores, el judo engloba un desarrollo físico, un desarrollo mental y un desarrollo a nivel social. Es decir, tiene un carácter integrador del desarrollo de la persona", resume Santos. La directora recuerda también que la UNESCO recomendó esta disciplina en 1996 como actividad física para niños y jóvenes de entre cuatro y veinte años.

Una de las dudas habituales de las familias es si se trata de un deporte violento. Santos rechaza esa idea y destaca el papel del autocontrol: "Lo que haces es conseguir canalizar la energía, pero nunca es agresividad". La técnica se basa en los agarres, los desequilibrios y las proyecciones, así como en las inmovilizaciones una vez en el suelo. No hay golpes, una diferencia importante respecto a otras disciplinas de combate.

Además, el trabajo técnico implica ambos lados del cuerpo y requiere combinar movimientos diferentes con los brazos y las piernas. Esta práctica contribuye a desarrollar la coordinación bilateral y la capacidad para ejecutar acciones complejas, al tiempo que se aprende a controlar la fuerza y a respetar los límites del compañero.

Un deporte para todas las edades

El Club Judo Lugo suele incorporar a niños y niñas a partir de los cuatro años y no establece una edad máxima para practicar. De hecho, hay personas que continúan entrenando alrededor de los setenta años. La continuidad es una de las prioridades de la entidad, que busca que los alumnos mantengan el interés por el deporte más allá de las primeras etapas de formación. "No es importante que consigan resultados deportivos pronto, sino que nuestro objetivo es que lleguen a la edad adulta disfrutando del judo, de nuestro deporte y de una manera saludable", indica Santos.

En las primeras categorías, las competiciones tienen un carácter lúdico y están adaptadas a la edad de los participantes. Niños y niñas compiten juntos, aunque se mantienen las divisiones por peso. A partir de la categoría infantil comienzan a separarse por sexos, debido a las diferencias físicas que aparecen con el desarrollo. En los encuentros de iniciación, todos reciben un premio de participación y la finalidad es aprender y disfrutar de la experiencia, no conseguir medallas. A partir de los dieciséis, diecisiete o dieciocho años, la competición puede ganar peso para quienes quieren avanzar en esa dirección. Sin embargo, también hay deportistas que prefieren entrenar sin competir. El club respeta ambas opciones: "Priorizamos el objetivo del deportista. El que quiere competir, compite, y se le da la oportunidad y se le acompaña. Pero el que no quiere competir disfruta del deporte sin necesidad de hacerlo", explica Santos.

Entrenamientos diarios y apoyo institucional

La actividad se desarrolla en el Gimnasio Lugo, con tres turnos de entrenamiento infantil: de 17:00 a 18:00, de 18:00 a 19:00 y de 19:00 a 20:00 horas. Además, los lunes, miércoles y viernes hay sesiones para adultos. El equipo de entrenadores está formado por David Pérez, Carlos Segade y María Santos, con la participación ocasional del presidente, Amador Trillo Morado. Las personas interesadas pueden probar el judo mediante una o dos sesiones gratuitas y decidir después si quieren incorporarse. No es necesario esperar al inicio de la temporada, ya que el club admite nuevas incorporaciones durante todo el año.

Mantener la actividad, especialmente en el ámbito competitivo, también requiere recursos. Los desplazamientos, las comidas y las horas que los entrenadores dedican a acompañar a los equipos suponen gastos que pueden prolongarse durante toda una jornada, sobre todo en las competiciones de base, en las que participan diferentes categorías. "Es muy importante contar con las diferentes organizaciones, porque, si no, es muy difícil llevar a cabo las actividades de judo, sobre todo a nivel de competición", advierte Santos. Aunque un combate pueda durar entre 3 y 5 minutos por niño, los entrenadores tienen que permanecer desde la mañana hasta la tarde. "Es un trabajo que no se ve, pero hay que hacerlo. Por eso, cuando hay subvenciones, siempre las solicitamos", añade.

El Club Judo Lugo continúa combinando la formación técnica con la educación en valores. Los resultados deportivos forman parte de su historia, pero la prioridad sigue siendo encontrar en el judo una actividad saludable y disfrutar del deporte.

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