Los vecinos de Sagrado Corazón piden diálogo y que escuchen sus demandas

En el mes de noviembre del pasado año, la Xunta de Galicia dio luz verde a uno de los proyectos urbanísticos más ambiciosos previstos para la ciudad de Lugo en las últimas décadas. Se trata del Proyecto de Interés Autonómico (PIA) del sector 5.R del barrio del Sagrado Corazón, una iniciativa con la que el Instituto Galego da Vivenda e Solo pretende habilitar suelo urbanizable para la construcción de alrededor de 1.200 viviendas, en su mayoría sometidas a algún régimen de protección pública.
La propuesta, que supone una transformación profunda de un área de más de 12 hectáreas situada entre el Sagrado Corazón y As Gándaras, abrió un intenso debate social, político y técnico en torno al crecimiento urbano, la sostenibilidad y el acceso a la vivienda.
EL PROYECTO
El ámbito de actuación corresponde a un espacio actualmente sin urbanizar, formado por parcelas tradicionales y zonas naturales que funcionan como transición entre la ciudad consolidada y su entorno periurbano. La intervención prevista incluye una inversión estimada de 15 millones de euros y contempla la construcción de 1.265 viviendas, de las que aproximadamente el 80 % serán protegidas. Junto a la edificación residencial, el plan incorpora más de 35.000 metros cuadrados de zonas verdes y espacios libres, así como más de 8.000 metros cuadrados destinados a aparcamientos, con una oferta total que superará las 1.400 plazas.
La propuesta urbanística incluye también la creación de una nueva red viaria adaptada tanto al tráfico rodado como a la movilidad peatonal y ciclista, así como la incorporación de usos comerciales que permitan dotar de servicios al futuro barrio. Desde la administración autonómica se defiende que esta actuación responde a la necesidad de ampliar la oferta de vivienda accesible en un contexto de creciente demanda, especialmente entre la población joven y los colectivos con más dificultades para acceder al mercado inmobiliario.
CRÍTICAS
La iniciativa no estuvo exenta de críticas. La organización ecologista ADEGA-Lugo fue una de las primeras en presentar alegaciones al proyecto, cuestionando tanto su enfoque como sus consecuencias a medio y largo plazo. La entidad señala que el plan apuesta por continuar la expansión urbana sobre suelo natural en la periferia, a pesar de que Lugo cuenta con un importante volumen de suelo urbano ya desarrollado y sin edificar, así como con un elevado porcentaje de viviendas vacías. Según datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes al censo de 2021, en el municipio existen 10.728 viviendas deshabitadas, lo que representa el 17,12 % del total.
Otro de los aspectos que centra las críticas es la concentración de más del 80 % de la vivienda protegida en un único ámbito. Según ADEGA, esta decisión podría favorecer procesos de segregación social y económica, en contradicción con los principios de cohesión recogidos en la normativa urbanística gallega. La entidad también alerta sobre deficiencias en la memoria de impacto de género, especialmente en lo relativo a la movilidad peatonal en una zona con cierta complejidad topográfica, a la integración con el tejido urbano existente y al diseño de los espacios públicos.
Por su parte, el Ayuntamiento de Lugo trasladó a la Xunta su informe técnico sobre el proyecto. El Gobierno local reconoce que la ampliación de la oferta de vivienda accesible encaja con el Plan Municipal de Vivienda y con la demanda existente, pero subraya la necesidad de garantizar una adecuada integración de la actuación en el tejido urbano y en el planeamiento vigente.
Entre las recomendaciones formuladas destaca la relativa a la edificabilidad. El proyecto autonómico propone elevar este parámetro hasta 1,10 m²/m², frente al 0,90 m²/m² establecido en el Plan General de Ordenación Municipal. Aunque este incremento es legalmente viable, el Ayuntamiento considera más adecuado mantener el valor actual para minimizar el impacto paisajístico y la presión sobre las infraestructuras.
También se solicita una mejor justificación de la superficie y localización de las zonas verdes y reforzar accesos clave como la Calzada das Gándaras o la calle Serra de Meira. El documento recuerda además la obligatoriedad de ceder al patrimonio público los terrenos destinados a sistemas generales y reclama una mayor concreción en los plazos de ejecución y en los parámetros edificatorios.
LOS VECINOS
Una de las respuestas más contundentes al proyecto llegó desde el propio tejido vecinal. La Federación de Asociaciones Vecinales de Lugo Lucus Augusti reunió alrededor de 450 firmas entre residentes del Sagrado Corazón y As Gándaras para presentar alegaciones, junto con una propuesta técnica alternativa. Además, a través de la plataforma Change.org recogieron apoyos bajo el lema “Nuestro barrio no es un vertedero de cemento”, denunciando la masificación “insostenible”, la destrucción del modelo de barrio y el colapso de servicios e infraestructuras que podría generar la llegada de nuevos vecinos.
El vicepresidente y portavoz de la federación, Javier Otero, destacó que el 80 % de las viviendas serán protegidas y el 20 % restante libres, dejando una parte significativa del desarrollo en manos privadas. Otero advirtió que esta situación favorece que las promotoras prioricen los beneficios económicos sobre el interés general de la vecindad y subrayó que duplicar la población del barrio podría resultar insostenible, especialmente con la construcción prevista de 22 bloques de hasta siete plantas, que crearían una pantalla de hormigón y alterarían el paisaje y la identidad de la zona.
En sus alegaciones, el colectivo vecinal propone una alternativa centrada en reducir la edificabilidad al 50 %, limitar las alturas a cuatro plantas y disminuir el número de bloques a 11, con el objetivo de minimizar el impacto visual y social y preservar el carácter de tranquilidad del barrio. También exigen que se trabaje sobre las viviendas vacías existentes y que se garantice la plena operatividad de los servicios básicos antes de la llegada de nuevos residentes, incluyendo la construcción del nuevo centro de salud, una demanda histórica que ahora es considerada crítica.
La movilidad y el transporte público centran también una de las principales preocupaciones vecinales, que reclaman una mejora inmediata de las frecuencias del bus urbano para ofrecer una alternativa real al uso del vehículo privado y reducir la dependencia del coche.
EL FUTURO
El proyecto del Sagrado Corazón sitúa sobre la mesa un debate de fondo sobre el modelo de ciudad que Lugo quiere construir. La necesidad de garantizar el acceso a la vivienda convive con la obligación de preservar el territorio, fomentar la cohesión social y asegurar una planificación urbana sostenible. Entre la oportunidad y el riesgo, la decisión final marcará no solo la fisionomía de un barrio, sino también el rumbo del desarrollo urbano de la ciudad en las próximas décadas.